El Bazar de los Desbarajustes

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Ayer me despisté y me encontré soñando contigo. Nos miramos, me sonreíste y el amor me hizo vender todos mis principios y valores en el Bazar de los Desbarajustes.

Vendí frases hechas del tipo “Yo no seré así” o “Yo no soy de ese tipo de personas que lo dejan todo por amor”.
Vendí los dos primeros puestos de mis prioridades: Yo y mi tiempo.
Me deshice de la maraña de hilos que enredaban mis noches locas. Y regalé esa mochila repleta de piedras en forma de recuerdos amargos con la que cargaba.

También compré a muy buen precio, un saco de ilusión y un puñado de planes futuros y quehaceres junto a ti. Llené hasta rebosar mi cantimplora sedienta de paciencia. Y el pequeño morral que poseía lo ensanché para poder guardar todo ese batiburrillo de sentimientos indescriptibles que empezaba a sentir.

Me ofrecieron a buen precio un mapa de tus sentimientos, pero en un alarde de valentía lo rechacé para ir descubriendo de manera sutil y poco a poco los secretos que guardas en tu interior.

No dudé en quitarme ese duro escudo en forma de coraza que usaba para mis apariciones en público, puesto que ahora entendí que junto a ti nadie podía hacerme daño. Empeñé mi espejo favorito, puesto que a partir de ahora para verme reflejado solo necesitaría mirarte a ti


Que gran día en el Bazar de los Desbarajustes,  mercadeando con sentimientos obsoletos a cambio de unos nuevos repletos de energía. Que gran día junto a ti descubriendo el amor que nos atropelló en forma de hijo.


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