Volviste a mis sentidos, pero lamentablemente nunca regresaste a mi corazón.

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Saludos desde el otro lado de la barrera de tu indiferencia. Saludos rápidos y breves que no me corten la respiración al mirarte.  Eso es todo lo que pedí para el día en que te volviera a ver. 

Pero todo se truncó, y lo que esperaba que aconteciera fugazmente, lamentablemente se detuvo en el tiempo de manera casi eterna. Mi torpe mirada esquivaba tus ojos, no por vergüenza, sino por no caer irremediablemente en la trampa que preparaba tu sonrisa. Esa que rememoré en mil noches de duermevela.

Tus palabras endulzaban el veneno que se vertía poco a poco dentro de mí. Un veneno lento pero potente, el cual estremecía algunos pensamientos que creía ya enterrados hace mucho tiempo.

Volviste a mis sentidos, pero lamentablemente nunca regresaste a mi corazón.

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