La mala suerte

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Maldigo mi mala suerte... y la maldigo con todas mis fuerzas. No hablo en vano cuando condeno el destino que ha sido reservado para mi. ¿Qué azarosa suerte es la que rige todo mi futuro?

Harto de escoger siempre el camino sin salida. Harto de  cambiar las cuestas abajo por caminos empedrados de difícil escalada. Harto de equivocarme y harto de tener la certeza de, que pese a la decisión que tome, el destino me demostrará que me voy a equivocar una vez más.



No vale de nada estudiar los pros y los contras de cualquier decisión. No sirve estudiar y barajar los diferentes escenarios futuros para consensuar con la almohada la opción correcta. Todo eso no vale para nada, porque esta noche duermo con la mala suerte.

Es mi novia, es mi compañera de viaje, es mi sombra y nunca será mi luz. No la quiero, pero ella a mi sí. Cuando baja la guardia intento despistarla con trucos de prestidigitador barato, pero todos mis esfuerzos se difuminan de manera fulminante y se diluyen entre sus burlas y carcajadas. 


Tan acostumbrado estoy a su presencia que mi mente me juega malas pasadas y me regala soñar con un futuro mejor repleto de buenas decisiones. Luego un reflejo de la luz del día se cuela entre las laminas de la persiana cagándome pese a tener los ojos cerrados. A continuación, me despierto y vuelvo a a ser arrojado al pozo de la dura realidad donde ser alguien o algo pasa de largo.

Nunca esperé ser nada más que nadie, nunca esperé ser diferente. Solo soñaba con tener un golpe de buena suerte que me permitiera ser quien quiero ser: Un chico normal sin mala suerte.

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