Tu impulso mal medido

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A menudo pienso en el porqué de tu marcha. En las razones y circunstancias que envolvieron lo tristemente inevitable. Pienso en tus razones reales, esas que callaste y ocultaste trasformándolas poco a poco en un secreto que seguro te acompañará hasta el fin de tus días. Pienso en el porqué de tu repentina rendición. Pienso en tu abrupta transformación y si formé parte de ella o simplemente no me supe adaptar. Pienso en qué tenía de malo todo lo que habíamos construido durante tanto tiempo juntos.



Pero solo pienso. Porque en realidad el tiempo me devolvió las respuestas a todas mis preguntas. No lo hizo rápidamente, sino que me dio respuesta por medio de leves susurros en la noche, lo hizo dándome el privilegio de nuevos puntos de vista, lo hizo incluso con evidencias empíricas plasmadas en forma de foto de Facebook. Y es que a menudo las respuestas no apaciguan la duda, sino que la acrecientan de forma sustancial dando lugar a nuevas preguntas con aún más difícil respuesta.

Y es que al fin y al cabo, el ser humano piensa porque no sabe olvidar. Y sobre todo no olvida momentos buenos que duraron apenas segundos, pero que son capaces de justificar una vida entera. Momentos que me elevaron, sin exagerar, a algo parecido a lo divino. Y amigos os digo que no exagero, porque durante esos instantes mi apego por lo terrenal era nulo, únicamente existía una mirada mutua que no buscaba nada, solo ser eterna.



Pero te marchaste y me dejaste atrás. Y a veces pienso que lo hiciste por un impulso de "Carpe diem" o de "Melenas al viento y a vivir el momento" o incluso a ritmo de salsa de "Vivir mi vida lalalalá". Fue un impulso apoyado por un entorno joven y energético, un entorno lleno de buscavidas cuya principal meta en la vida es un "yo" propio en mayúsculas. Un "yo" que no necesite dar explicaciones, un "yo" que disfrute de todos los placeres de la vida, un "yo" que consiga dinero y estatus por encima de todo y de todos, un "yo" de postureo que llene las redes sociales de autofotos, con miles de "likes" que aumenten su ego. Pero en resumidas cuentas, un "yo" completamente vacío.

Y es ahora cuando comprendo que ese mismo impulso que te lanzó y animó a dar el difícil paso, es el mismo que ahora se va desvaneciendo y oscureciendo. Ese impulso que nació como reflejo de tu entorno, pero del que ahora eres consciente que no encaja contigo. Ese impulso, que con el paso del tiempo te hace ver que estas completamente sola, y cuyo fiel reflejo es un muro de Facebook repleto de fotos en las que únicamente apareces tú. 



Y créeme que no te iban a faltar pretendientes, porque todo el mundo estaría encantado de estar a tu lado una noche, pero solo una noche. Porque en el momento que exista la palabra futuro o tengas que anteponer cualquier cosa a tu "yo" propio, huirás como lo has hecho antes.

El mundo se mueve por amor, pero no por amor propio.

Y créeme que no te culpo. El amor propio es necesario y la ausencia de él es un grave peligro que puede causar mucho dolor. Pero como es sabido por todos, la virtud amiga está en el término medio. Y por eso pienso y solo pienso,  que al elegir ese impulso únicamente te fallaste a ti misma.











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