Mi Guerrera

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Todos a lo largo de nuestra vida nos hemos topado con personas capaces de realizar cualquier hazaña que se propongan, o al menos morir en el intento de conseguirla. Capaces de dar todo por los demás aún sabiendo que no les queda nada para ellos. Capaces de obviar los comentarios de la gente mientras persiguen sus sueños o su felicidad. Capaces de empatizar con las luchas de sus seres queridos convirtiéndolas en suyas propias. Capaces de no pedir nada a cambio, o simplemente recibir sus honorarios en forma de sonrisa. Capaces de todo, solo por amor.


En mi caso (y puede que en alguno de vosotros también) la guerrera que ha invadido gustosamente mi vida, tiene un nombre que comienza por "A" mayúscula

Con "A" mayúscula porque resultó ser mi Amiga.
Con "A" mayúscula porque siempre fue mi Aliada.
Con "A" mayúscula porque a pesar de los cambios siempre fue una mujer Atemporal.
Con "A" mayúscula por que es sin duda digna de Admiración
Con "A" mayúscula porque es y será siempre mi Ángel de la Guarda .
Con "A" mayúscula por que es una Abuela irrepetible
Con "A" mayúscula se escribe Asunción.



No fueron fáciles los comienzos para mi Amiga guerrera y lamentablemente tampoco han sido fáciles sus finales. Aún así, su carácter guerrero le ha permitido desafiar y burlar en innumerables ocasiones al portador de la guadaña. De esta manera ha ido creando poco a poco esa leyenda de inmortalidad que hoy empieza y que perdurará durante toda la eternidad. Perdurará como perdura la gente buena en el recuerdo de sus familiares. Perdurará porque cada vez que mire al intenso cielo azul veré su imagen bien definida. Perdurará en todos mis valores adquiridos de ella. Perdurará porque estará presente y será mi Aliada en cada decisión que tome durante mi largo viaje.  Perdurará porque ante momentos de flaqueza oiré su voz que me hará sentir y reflexionar de manera correcta. Perdurará porque durante su vida, o mejor dicho, durante mi vida me dio todo y no pidió nada a cambio. Y sobre todo, perdurará porque nunca la olvidaré.

Rompedora, desafiante, revolucionaría o innovadora son palabras que definen bien a mi guerrera. Pero hoy en día carecen casi de significado o importancia. Y están vacías de contenido o significado porque las verdaderas guerreras lucharon a vida o muerte en tiempos no tan fáciles para darles verdadero significado. Fueron capaces de romper esquemas mentales que hoy en día parecen innatos y lógicos, pero que antaño suponían el destierro o la marginación social.



Y es que el tiempo solo es una referencia para mi Guerrera Atemporal. Porque 20 años pueden no ser obstáculo para justificar los 20 segundos que tardó en enamorarse. Porque en  92 años una guerrera aprende a no luchar por evitar los cambios, únicamente se adapta y promueve las nuevas reglas de juego.

Pero una Guerrera también tiene cicatrices en el cuerpo. Cicatrices de una España dividida en dos. Cicatrices de otros guerreros que antepusieron sus ideales a su vida. O aún peor, cicatrices de guerreros que antepusieron su vida por los ideales de otros.  
Una buena guerrera aprende rápido a superar sus miedos, cerrar sus heridas y a reconstruir todo lo derribado. Pero aún así, de vez en cuando mira sus cicatrices y recuerda unos tiempos donde el hambre y la pobreza era un denominador común.

No todo fueron tiempos malos, no todo fueron sombras, no todo fue guerra. También hubo tiempos de esperanza y de progreso, tiempos de trabajo, tiempos de salud, tiempos de dignidad, y con ello tiempos proclives para la descendencia.



Descendencia que más tarde la convertiría en una Abuela irrepetible e incluso en bisabuela irrepetible. 

Y es que mi Guerrera deja tras de si una gran familia. Una gran familia que la recordará con añoranza en ciertos momentos. A veces con desasosiego y desamparo. Pero al fin y al cabo una familia que siempre tendrá la protección de un Ángel de la Guarda llamado Asunción.


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