Historia de una mesa coja

  • 0
Os contaré la historia de una mesa. Una mesa hecha de buena madera. Una madera dura, robusta, y con unas betas muy bonitas. Aunque he de decir que esta mesa no está hecha de la mejor madera del mercado, y que por ahí se ven diseños mucho más bonitos y apetecibles. 

Pero al fin y al cabo es una mesa con buenos acabados y de estética aceptable, valida para la mayoría de las personas, pero ni mucho menos para la gente más exigente.



Las personas empiezan a deambular cerca de esta mesa y empiezan a interactuar con ella. Unos simplemente la observan desde la lejanía para hacerse una idea mental de la calidad del producto que tienen ante sus ojos. Otros, mucho más curiosos, se acercan para tocarla levemente y apreciar con el tacto de sus manos sus propiedades. Incluso algunos, tras la leve caricia, posan la mano confiadamente sobre ella.

Mientras tanto por el otro extremo de la mesa, hay personas que la cuidan, la protegen y la miman para que se conserve correctamente con el paso del tiempo. 


Y muy de vez en cuando en ese deambular de gentes, alguien decide sentarse junto a la mesa para disfrutar de sus propiedades durante un largo periodo de tiempo.

Sin duda la gente más confiada (aquellos que se han sentado para apreciar la calidad) encuentran nuevos detalles que el resto de personas no habían visto. Algunos detalles la hacen mucho más valiosa, puesto que tiene características buenas que ellos desconocían en un principio. Otros, sin embargo le restan valor, puesto que empiezan a aparecer imperfecciones y ralladuras a medida que el tiempo avanza se acrecientan.

Cuando parece que estas personas no pueden descubrir nada nuevo de la mesa, el destino les hace ver que esa mesa está coja. Y lo que al principio parecía una mesa confiable, ahora se tambalea ante la atónita mirada de los que la observan.

Sin duda esto provoca un punto de inflexión para aquellos que habían depositado su confianza. Y ante la problemática surgida, estas personas anteriormente confiadas deciden levantarse y alejarse lo más rápido posible a otra cosa que les seduzca y les produzca de nuevo esa confianza anteriormente depositada.



Aunque, muy raras veces se dan casos en los que la persona que estaba examinando y disfrutando de la mesa, al llegar al punto de inflexión decide lo inesperado por todos. Y en un arrebato de valentía y simplicidad, opta por calzar con una cuña una de sus patas para que deje de cojear y sea de nuevo una mesa sin ningún problema. Pero sobre todo consigue una mesa en la que confiar.

Historia escrita por una mesa con una cuña en una de sus patas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario