Lo que nunca esperé fue mi segunda oportunidad

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Cuando una relación acaba, y sobre todo cuando acaba de manera abrupta, se entra en un estado de animo totalmente indescriptible. Es difícil describir esos sentimientos, porque durante el transcurso de un mismo día puedes llegar a padecer una necesidad obsesiva hacia la otra parte y al cabo de dos minutos odiarla y culparla por tu situación actual de desamparo. Puedes llegar a tener el autoestima por los suelos pensando que nunca encontrarás alguien como ella, y en un momento girar tus pensamientos y observar que el mundo esta lleno de segundas oportunidades. 

Todos estos sentimientos han ido desapareciendo con el paso del tiempo, y únicamente me queda la sensación de que aquella relación fue un fracaso del que yo formé parte. Pero como buen fracaso que se precie, también me dejó marcada a fuego una de las lecciones más importantes de mi vida. Sin la cual no se podría concebir al actual yo.


No os contaré la lección que aprendí, ni tampoco el camino para descubrirla, puesto que en la transición hacia la felicidad están los valores individuales que en conjunto formarán la lección a aprender.

Creo que esta breve introducción es necesaria para abordar el asunto principal de este articulo, que no es otro que la gestión de las segundas oportunidades.

El ser humano actúa ante un fracaso de la manera más lógica posible, que no es otra que protegiéndose de otro fracaso más. Pero está reacción orquestada por nuestro instinto choca directamente con otro sentimiento mucho más fuerte. Choca con sentimiento innato e indescriptible. Choca con un sentimiento bonito y amargo al mismo tiempo. Choca con un sentimiento real o artificial dependiendo del punto de vista. Choca con el motor del mundo. Choca con un sentimiento llamado amor.


Y ante este sentimiento lo mejor que se puede hacer es rendirse a él. Dejarse cautivar de nuevo por los nervios ante la primera cita. Dejarse seducir por la excitación de todos nuestros sentidos. Dejarse llevar por su pasión incontrolada. Descubrir su fondo el cual nos permite crecer como personas. Sembrar con él una planificación futura que nos proponga nuevas razones por la que justificar nuestra existencia. Y sobre todo dejarse llevar porque lo necesitamos.

Sin duda el entender esta simple pero gran necesidad del ser humano te propone nuevos caminos, te abre nuevas puertas, te otorga una visión más global del mundo y sobre todo te hace más curioso para querer descubrir todo por ti mismo. Puesto que te cambia el pensamiento de "Qué pasaría si...." por "Esto es lo que ha pasado y...".



La segunda oportunidad la ves llegar hacia ti, y aunque brevemente te deja la decisión de elegir si embarcarte o dejarla pasar, debes decidir ante ella. Debes valorar y estar seguro de que lo que haces es lo que de verdad quieres y piensas. Tienes que concebir y dilucidar si esa segunda oportunidad merece la pena y toda la inversión de tus esfuerzos. Y sobre todo si existen posibilidades de que vuelva a pasar delante tuya. 

Metafóricamente podríamos decir que las segundas oportunidades son trenes a altas horas de la madrugada. Que están parados delante tuya y que no tienen marcados ni destino, ni tiempos de duración. Son trenes en los que te puedes montar para disfrutar de un camino y viaje lleno de incertidumbres y sorpresas, alegrías y tristezas. O simplemente puedes dejarlos marchar y esperar sin sobresaltos a que se postre otro tren en tu andén que sea más de tu agrado, con el inconveniente de que nunca sabremos que clase de trenes vendrán a posteriori.



Lo que nunca esperé fue mi segunda oportunidad. Mejor dicho, lo que nunca esperé es que mi segunda oportunidad fuera más real y más viva que la primera. Nunca pensé que mi segunda oportunidad me demostrara empíricamente que el amor tenía muchos más grados de intensidad. Nunca pensé que mi segunda oportunidad me devolviera la confianza en mi mismo. Nunca pensé que mi segunda oportunidad fuera la razón por la que descubrí lo que significa el amor verdadero. Y jamás pensé que mi segunda oportunidad fuera la razón que rige mi vida entera.

Actualmente creo haber recopilado un gran número de conocimientos sentimentales. Pero únicamente los sé porque en su momento decidí aventurarme en una segunda oportunidad.

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