El día en que se acabó todo

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El día en que acabó todo no me dolió. Quizás porque me habías estado preparando para el terrible desenlace durante más de cuatro semanas, o tal vez porque morí fulminado el día en que dejaste de sonreírme.


Nunca fuiste una chica de tópicos, pero abusaste del "Tenemos que hablar..." para dar la primera puntilla. Nunca hiciste daño a nadie, pero conmigo hiciste una excepción. Nunca reprochaste nada, pero ese día tus reproches ahogaron a un yo que nunca volverá.  Nunca fuiste fría o tajante, pero ese día derrochaste sequedad y aspereza. Nunca te vi rendirte, ni siquiera ante los mayores problemas, pero para cuando fui consciente de la situación, ya estabas cansada y derrotada. Nunca tuviste problemas en poner tapas nuevas a tus viejos zapatos de tacón que tanto te gustaban. Pero esta vez los tiraste a la basura sin dilación. Nunca te escondiste o mostraste críptica, salvo cuando codificaste todos tus sentimientos para que no entendiera nada de lo que estaba pasando. 



Siempre fuiste la chica más guapa, y para eso amiga no tengo reproche. Quizás no lo tenga porque ser guapa poco o nada tiene que ver con los sentimientos. Siempre pensabas en un futuro juntos, pero inventaste un final arrebatado y mal medido para nuestra historia. Siempre creíste que fui gracioso y hasta reías sin parar de mis chistes malos, pero para entonces ya era el aburrido bufón de la corte. Siempre pedías que estuviera a tu lado en todo momento, pero para entonces ya me esquivabas de manera bastante ágil.
Siempre pusiste solución a tus problemas combatiendo hasta el último momento, pero esta vez no luchaste, y con ello calló una enorme losa que enterró mi amor. 

Ese día que acabó todo no me dolió por una simple razón. Porque tú ya no eras tú. 



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